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El Año del Chancho
“Este año estará regido por la influencia del Chancho y su elemento será el Fuego –confirma la página web dedicada al barrio chino de Buenos Aires–. Es un signo pacífico y de mucha bondad, aunque también muy valiente, sensual y pasional. Intentará traer paz y diálogo allí donde haya violencia y guerra. Es un animal muy apreciado en China, símbolo de bienestar material. Por lo tanto, este signo nos traerá progreso económico, siempre y cuando seamos honestos, porque este animal no tolera los engaños.” Así estarán planteadas las cosas, entonces, hasta el 6 de febrero de 2008, cuando finalice el reinado de este animal. Y no son pocos los que piensan guiarse por este pronóstico.
Según pasan las lunas
El calendario gregoriano (por el que se rige Occidente) está vigente en China desde 1912, aplicado fundamentalmente a cuestiones administrativas y civiles. Pero los eventos importantes y los feriados como el Año Nuevo o el Festival de Medio Otoño siguen al calendario chino tradicional. La astrología también, como lo comprobó Ludovica Squirru en 1988, durante un viaje “iniciático” a esa región de Oriente. Así lo cuenta en el libro Mi China: “Me sentí reconfortada cuando Hulili, mi guía en Pekín, me contó que rigen sus vidas a partir del horóscopo chino, que se casan si los signos son afines, que en los años desfavorables no toman decisiones importantes y que esperan determinados años, como el del Dragón, por ejemplo, para iniciar grandes empresas”. Asimismo, cuenta que “según estadísticas, durante 1988 los casamientos se incrementaron un cuarenta por ciento en proporción a otros años, en especial para tener hijos dragones (un animal considerado especialmente benévolo)”.
Las diferencias con Occidente
¿En qué se diferencia el calendario chino del occidental? En que, en lugar de considerar sólo el Sol, tiene en cuenta también la Luna. Forma parte de los llamados “calendarios agrícolas”, los primeros que utilizó la humanidad para medir el tiempo, dada la facilidad para observar los ciclos lunares (aunque el Sol también debía ser tomado en cuenta, por su función en el cambio de las estaciones).
Los criterios de cálculo de este calendario han variado a lo largo del tiempo. Según la erudita Enciclopedia Universal Espasa Calpe, “los chinos tienen un año lunar compuesto de 12 meses de 12 lunaciones, de 29 y 30 días, y un año lunisolar que logran con la adición a las 12 dichas lunaciones de una decimotercera. Desde hace más de cuatro mil años, emplean el año de 365 ¼ días, y cada cuatro años, uno de 366 días”.
Estas características son las que hacen que su calendario no coincida con el nuestro. Por otra parte, cada mes lunar se inicia con la Luna nueva. El comienzo del año está determinado por la segunda Luna nueva después del solsticio del 21 de diciembre. De este modo, la fecha del Año Nuevo chino no es fija; varía cada año, en el espacio de tiempo comprendido entre nuestro final de enero y mediados de febrero.
Las evidencias más antiguas del uso de calendarios datan de la primera dinastía histórica, la de los Shang (entre 1766 a. C. y 1112 a. C.). Pero la leyenda los hace nacer mucho antes, en tiempos del emperador Huang-di (alrededor de 2637 a. C.). A este personaje se le atribuye la introducción de los cinco ciclos de doce años regidos por otros tantos animales: Rata, Buey, Tigre, Liebre, Dragón, Culebra, Caballo, Oveja, Mono, Gallo, Perro y Cerdo.
Otro relato asocia el origen del calendario con el momento en que Buda se disponía a dejar la Tierra. Cuentan que fue entonces cuando decidió reunir a todos los animales para despedirse de ellos. Sólo doce asistieron a la cita. En recompensa, Buda puso sus nombres a cada año, según el orden de llegada.
“Las calles eran un aquelarre. Los niños disfrazados con ropas de dragones paraban a peatones o a ciclistas para ofrecerles mandarinas, considerada una fruta de suerte, a cambio de caramelos envueltos en un vistoso papel rojo con souvenirs. Los fuegos artificiales no cesaban durante el día, y en más de una oportunidad creí infartarme”, relata Ludovica, presente en los festejos que, en febrero de 1988, despedían el Año del Gato o Conejo y recibían el Año del Dragón.
Cómo se celebra
Los fuegos artificiales y el color rojo (asociado con el fuego) son dos elementos fundamentales en esta celebración. Los justifica una de las leyendas más contadas por el pueblo chino: la de un monstruo llamado Nien, aficionado a emerger del océano para arrasar aldeas. Hartos de que año tras año los diezmara, los pobladores de un pequeño pueblo se dedicaron a reunir fuegos artificiales rojos, tambores y gongs para crear ruido y ahuyentarlo. El plan funcionó. Y la gente del pueblo festejó durante varios días intercambiando regalos, bailando y preparando los más apetitosos platos.
También lo hacen en la actualidad. Un mes antes de la fecha, la gente compra regalos, vestimenta y comida. Se limpian exhaustivamente las casas y se las decora con diseños sobre papel con temas como felicidad, fortuna y longevidad. La noche de Año Nuevo las familias se reúnen a cenar, mientras en calles y parques se realizan desfiles de muñecos y espectáculos de danza y de magia. Todos procuran llegar a esa fecha sin deudas y evitan pronunciar frases hirientes o malintencionadas durante los festejos.
Respecto de la astrología, se cree que cada persona está profundamente influida por el animal que gobierna el año de su nacimiento. “Este es el animal que se esconde en tu corazón”, se suele decir por aquellos lejanos horizontes.
Como el horóscopo está regido por el calendario lunar, un signo cambia al siguiente durante el Año Nuevo. Es un sistema complejo que, además de los archiconocidos doce animales, trabaja con cinco elementos (la madera, el fuego, la tierra, el metal y el agua), la hora y el día de nacimiento.
Fuente: Diana Fernández Irusta para LA NACION
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